Senadores proponen que período presidencial se extienda a seis años sin reelección

Cabe recordar que la Constitución Política de 1828, establecía que el Poder Ejecutivo debía ser ejercido por el Presidente de la República por un período de cinco años y no cabía reelección en el período inmediatamente posterior (art. 62).

A su turno, la Carta Fundamental de 1833, regulaba la materia estableciendo que el Presidente de la República, sería elegido por cinco años, pudiendo ser reelecto para el período siguiente (art. 61). Posteriormente, la reforma constitucional de 1871, prohibió la reelección presidencial para el período inmediatamente posterior, debiendo “siempre mediar entre cada elección el espacio de un período”.

Lo anterior, establecido para terminar con lo que se conoció como el periodo de los “decenios”, entendidos como la extensión final de un mandato presidencial por 10 años, siendo de común ocurrencia que el presidente y candidato que postulaba a la reelección, fuese efectivamente reelegido

Por su parte, la Constitución Política de 1925, fijó un período presidencial de seis años y dispuso la prohibición de reelección para el período siguiente. Es importante recordar que la duración del periodo presidencial por el que se opta en este caso, refleja los esfuerzos de la época por fortalecer el poder y la influencia de la figura presidencial, considerando la experiencia política que vivió el país a fines del siglo 19 y principios del siglo 20 (conocido como el periodo de República Parlamentaria, desde el 1891 al 1925)
El periodo presidencial propuesto en su origen, se presentaba como uno de los más extensos a nivel mundial, junto con el periodo instaurado en Francia, país que a esa misma fecha contaba con un periodo de duración de 7 años.

La Carta Política de 1980 dispuso que “el Presidente de la República durará en el ejercicio de sus funciones por el término de ocho años, y no podrá ser reelegido para el período siguiente”.

La Comisión de Estudio de la Nueva Constitución, en la época, consideró que la propuesta de 8 años cumplía con la misión de asegurar “mayor estabilidad política, lograr mayor eficacia en la acción de gobierno y no interrumpir el desarrollo de los planes presidenciales con campañas electorales que necesariamente suponen una inevitable paralización de la actividad política en su faz arquitectónica”

Se estimó que un mandato de ocho años podía dar al Ejecutivo un tiempo suficiente “para llevar adelante un programa de gobierno y desarrollar las acciones necesarias para transformar su gestión en un éxito”

Ad portas del retorno a la democracia y en gran medida fruto de acuerdos de carácter político, en el año 1989 se determinó- transitoriamente- que el Presidente duraría en sus funciones 4 años, sin derecho a reelección para el periodo inmediatamente siguiente.

Posteriormente, la Ley de Reforma Constitucional 19.295, de 1994, rebajó el periodo del mandato presidencial de 8 a 6 años. Sin embargo, por Ley de Reforma Constitucional 20.050 de 2005, dicho mandato presidencial nuevamente fue reducido, esta vez a 4 años, estableciendo la imposibilidad de reelección para el periodo inmediatamente siguiente.

En este sentido y en la época señalada, el ex Senador Boeninger fue defensor de un período de 4 años pues mejoraría la participación ciudadana, renovaría los liderazgos y evitaría programas y propuestas refundacionales (Beca, 2008)

Si bien del análisis histórico se desprende que en Chile no existe una tradición jurídica marcada en torno al tema, conclusión que se fundamenta en verificar las constantes modificaciones tanto en la extensión del periodo presidencial como en la posibilidad o imposibilidad de reelección del Presidente de la República- lo que podría explicarse por la consideración a las circunstancias políticas y sociales de las épocas en que se verificaron las reformas- es importante tener claro que al momento de decidir sobre la materia, se deben tener siempre en consideración los siguientes puntos:

1. Necesidad de dotar al sistema de un grado cierto de estabilidad en la duración de los gobiernos, a fin de asegurar la puesta en práctica de políticas públicas que muchas veces pueden ser de largo aliento. En relación a lo anterior, quienes defienden un periodo presidencial que se extienda por más de 4 años, “lo hacen bajo el convencimiento que éste es insuficiente para dar íntegro cumplimiento a un programa de gobierno, que a los dos años ya comienza la pugna electoral presidencial, que en ese mismo plazo las elecciones municipales son perturbadoras del escenario político y, que por cierto, el último año de mandato, en plena campaña, los proyectos sociales sólo son utilizados con fines electorales”

“Tradicionalmente se ha sostenido a favor de un período presidencial largo, esto es 6 ó más años, que el gobierno necesita un tiempo suficiente para desarrollar integralmente un programa y obtener resultados fructíferos. Se asegura, también, mayor estabilidad y continuidad del gobierno evitando las posibles alteraciones que producen los cambios de mando y orientación en las elecciones”

2. La coincidencia o no coincidencia de las elecciones parlamentarias y presidenciales, circunstancia determinante para definir las relaciones que puedan darse entre ambos órganos.

Quienes defienden el mantener un período presidencial más extenso, aluden a la búsqueda de evitar las siguientes situaciones:

1. Gobiernos salientes que implementan y ejecutan de forma incompleta, políticas públicas trazas como objetivos en su programa, bajo la urgencia del tiempo que se les termina.

2. Presidentes que inician sus periodos promoviendo reformas de alta complejidad, sin relación con los plazos que tienen para realizarlas.

3. Una duración del mandato presidencial más extensa, como lo estimó la denominada Comisión de Estudio de la Nueva Constitución, redactora de la carta del año 80, es conveniente “para llevar adelante un programa de gobierno y desarrollar las acciones necesarias para transformar su gestión en un éxito” (Sesión 355 de 20 de abril de 1978).

4. Las elecciones municipales, que tienen un desfase de un año respecto de las parlamentarias, generan un ambiente electoral que, en los hechos, adelanta las campañas parlamentarias y presidenciales, pues de la correlación de fuerzas de las municipales se derivan necesarias consecuencias para los apoyos de los futuros parlamentarios, y por ende, para el Presidente de la República.

5. Si analizamos la realidad internacional, un período presidencial de 4 años es propio de Estados donde su Carta Fundamental considera la reelección inmediata del presidente en ejercicio (así EEUU, Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador, entre otros). Sin embargo, nuestra estabilidad política y nuestra historia institucional y republicada obedece a otras realidades ajenas a una reelección presidencial

6. Un período presidencial de 4 años es ajeno a nuestra historia republicana.

7. En la realidad comparada a nivel latinoamericano, los países que han reducido su periodo de duración presidencial a 4 años, han correlativamente admitido la reelección inmediata (así los ejemplos de Brasil y Argentina), dando paso a la posibilidad cierta de permanecer por un periodo total de 8 años consecutivos en el poder.

8. La reducción del mandato presidencial de 6 a 4 años sin reelección inmediata, desincentiva que las administraciones de gobierno puedan plantear reformas significativas al contar con, en la práctica, tres años de gobierno efectivo, si descuentan los períodos electorales.

Respetando los argumentos esgrimidos por quienes defienden un periodo presidencial de menor extensión, del análisis de los argumentos de ambas posturas (aquella en favor de una mayor extensión, y aquella que opta por defender un plazo más corto), no puede hacerse más que reconocer un punto fundamental: quienes optan por defender un régimen presidencial inferior a 6 años, parecen aceptar sin mayor problema que el Poder Ejecutivo pueda ser liderado por una misma persona, en dos periodos consecutivos.

En concreto el Proyecto de Ley propone:
Artículo único: Reemplácese el inciso segundo del artículo 25 de la Constitución Política de la República, por el que sigue:
“El Presidente de la República durará en el ejercicio de sus funciones por el término de seis años y no podrá ser reelegido para el período siguiente”

 

Consultar Boletín N° 11830-07 aquí.

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