Solicitan derogar las remuneraciones y beneficios a los capellanes de las FFAA y de orden

Se resalta que la intención de esta proposición no es erradicar la fe de las Fuerzas Armadas y de Orden, ya que, por el contrario, se considera relevante e histórico que los pastores, obispos o sacerdotes presten un servicio eclesiástico

Por medio de la resolución N° 639 aprobada por la Cámara de Diputados con 81 otos a favor, 37 en contra y 28 abstenciones, solicitaron al Presidente de la República que instruya al Ministerio de Defensa para que derogue las remuneraciones y beneficios, conferidos a los capellanes de las Fuerzas Armadas y de Orden.

En el documento se plantean también otras modificaciones:
a. Que los pastores, obispos o sacerdotes, nunca dejen de pertenecer a sus iglesias.
b. No vistan uniformes militares.
c. No posean un grado.
d. Su remuneración, sea equitativa a la de cualquier autoridad eclesiástica.

El texto indica que, actualmente, en las Fuerzas Armadas hay sacerdotes con rango militar y sueldos millonarios, financiados por el Estado de Chile: los llamados capellanes castrenses.

Se informa que el capellán general del Ejército ostenta el grado de general y recibe una remuneración acorde a ese grado y cargo, que supera los cuatro millones de pesos mensuales, aparte de otros beneficios como vivienda, salud y vehículos. Dicha situación, se repite en todas las ramas de las Fuerzas Armadas y de Orden del País.

Frente a estos acontecimientos, se relata, el 31 de agosto de 2018, se recurrió a la Contraloría General de la República, para que pueda determinar la legalidad en el pago de las remuneraciones y beneficios a quienes prestan asistencia religiosa en las Fuerzas Armadas y de Orden. Este nivel de remuneraciones resulta chocante, sobre todo, cuando se tiende a comparar el mismo rol que cumplen los Obispos y Capellanes fuera de las Fuerzas Armadas, que podría eventualmente llegar a los $500.000 mensuales.

Se resalta que la intención de esta proposición no es erradicar la fe de las Fuerzas Armadas y de Orden, ya que, por el contrario, se considera relevante e histórico que los pastores, obispos o sacerdotes presten un servicio eclesiástico.

«Sin embargo, a este nivel, se pone en duda, no solo la fe pública, sino también los principios de probidad, eficiencia y transparencia, vulnerando la ética y la probidad que uno espera de las autoridades eclesiásticas, quienes por lo demás, han efectuado votos de pobreza y austeridad», se plantea.

Fuente: Cámara.

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